Este blog nace como resultado de las múltiples crónicas, consejos y recomendaciones que siempre me piden, hago y cedo. Yo, seguidora confesa de las aventuras de nuestra neoyorkina Carrie Bradshaw, he caído en la tentación una y mil veces de pensar que no tengo por que soportar ese magno defecto de mi chico si, cada vez que quiero salir de fiesta él no viene por el mero hecho de haber pasado el día trabajando en la reforma de ese piso que ha pagado íntegramente para mí. Esta mujer casi tan egocéntrica como estrambótica, derrochadora como malcriada e indecisa como despreocupada, ha hecho mucho daño, a todas. Demasiado seguramente.
Seamos sinceras, ¿Quién no se ha sentido alguna vez un poco Charlotte, Carrie o Miranda? Es una mierda. (Si te has sentido Samantha, eres mi diosa nena) Pero en el caso de las otras tres… ¿Qué hacemos mal? ¿Qué diablos pasa?
La respuesta es muy sencilla. El único problema es que te sientes “un poco Charlotte”, “un poco Miranda” o “un poco Carrie”. Mal, muy mal. Siéntete tu misma. Principalmente porque no estás en nueva York y en segundo lugar por que ni eres la principal responsable de una renombrada galería de arte, ni socia en un bufete de abogados y ni mucho menos escribes una columna que te deja casi todo el día libre y te facilita la compra frecuente de modelitos de Diseño que solo lucirás una o dos veces (si es muy, pero que muy mono).
Eres una mujer normal, de entre 20 y 28 años, que termina sus estudios o se adentra en el mundo laboral (comúnmente conocido como cola del paro). Una chica que va muy mona siempre, “a su rollo”, sin necesidad de unos manolos ni un pájaro en la cabeza con forma de sombrero en el que pone “Prada”. Y lo más importante de todo: montas más en Bus que en taxi, y no te has MUERTO.
Eres una de las mías. Pero no eres como yo, y ni mucho menos como ellas.
Por último, en este primer artículo de presentación, me parece cuanto menos justo autodescribirme. Tengo veintiún años, estudio diseño aplicado a la Publicidad y, casi con total seguridad, no me parezco lo más mínimo a la clase de persona en la que ahora mismo piensas. Los chicos con los que he estado me han descrito como una mujer “como las de antes”, definiéndome como una chica de cara dulce y caderas anchas, mucho. Es raro verme con algo que no sean vaqueros, pero lo combino con infinidad de estilos, tejidos y estampados, pero siempre, siempre: pañuelos al cuello.
…
¿El resto? El resto ya lo iréis conociendo, poneos cómodas… espero servíos de ayuda o, cuanto menos, de entretenimiento.
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