lunes, 28 de noviembre de 2011

Casualidad, causalidad y destino. Dos factores y el reloj biológico.

“Es en ese instante que, ese chico tan, tan, tan todo que no sabes quién ni como es, ese con el que sueles cruzarte en las máquinas de la zona de descanso, aparece de nuevo y ups!... te ha pillado mirando. Dos o tres días más tarde de nuevo, y así, así hasta que un día dejáis de veros siempre a la misma hora en el mismo sitio, sino que también comenzáis a coincidir en los pasillos, la fotocopiadora, etc.”

Casualidad: Combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables
Causalidad: Relación entre una causa y su efecto.
Destino: Fuerza desconocida de la que se cree que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos.

Pues eso, estas esperando para salir en busca de tu rutinario botellín de agua, y piensas “No, no voy a ir” a los diez minutos te entra sed y piensas de nuevo “Bueno, espero a terminar de copiar esta página y voy a la máquina”, pero sin saber por qué se te enciende la bombilla, y una inexplicable pero fuerte fuerza te empuja a salir en busca de tu dichoso botellín de agua. Abres la puerta y… pun!

            -Hola
            -Hola- contestas tú con el modo “rojo” ON

¿Qué ha pasado? ¿Ojalá hubiese salido hace 15 minutos? O… ¿menos mal que salí 15 minutos más tarde? Sinceramente, qué más da?
La verdadera cuestión es en lo que vas a pensar el resto del día.

JUNIOR: es el destino. Debíamos cruzarnos, nos hemos cruzado.

SENIOR: es una casualidad. Buena, bonita y barata casualidad (el botellín de agua solo cuesta 45 cnt)

FLOWING: Causalidad. Ambos pasamos en el mismo espacio 5 días a la semana, 8 horas al día. Él está + Yo estoy= podemos cruzarnos.

SMART: reloj biológico.

Si, así es nenas. El reloj biológico es un extra que, paradójicamente, viene de serie con la mujer. Una de esas cosas que encarecen el producto pero que no se pueden quitar. Como cuando copras apio… que te lo pesan sin tocar pero después las hojas (que es lo que más pesa) se las quitan. Incomprensible, inaceptable… pero es así, así pasa y debemos asumirlo.

Los relojes biológicos han ido prosperando y evolucionando junto a nuestra propia condición de mujeres. Ha perdido esa faceta única de pitar a los 29 años, 4 meses, 2 semanas, 4 días, 16 horas, 47 minutos y 8 segundos al grito de: -Niños! Niños! Niños!-. Sino que también se ha adaptado a las nuevas tecnologías, registrando automáticamente varias alarmas que, como si el despertador de un teléfono móvil se tratara, a veces no sabes ni por que suenan, si las pusiste tú o venían con el teléfono, y si puedes o no borrarlas.

De manera inconsciente, cuando pasa por delante de ti más de tres veces a determinada hora y en determinado lugar, tu reloj biológico guarda una alarma que sonará, incomprensible, inaceptable… pero es así, así pasa y debemos asumirlo.

A ti te dio sed a la misma hora que todos los días, pero como un par de veces has ido a comprar ese botellín de agua más tarde de lo normal… te lo has topado, porque era su hora de cambio de sección. Tu reloj asimila esa hora como hora en la que debes, sin saber conscientemente por qué, ir a las máquinas. Cuando quieres ir a por agua antes de que llegue el ensordecedor e imparable pitido de esa alarma, un subconsciente informado de cuando has de movilizarte, te impone escusas que te gritan que has de quedarte sentada un rato más, aunque te estés meando tanto que sientas que no puedes aguantar. En ese preciso instante…

-Hola
            -Hola- contestas tú con el modo “rojo” ON

No hay comentarios:

Publicar un comentario